Tengo idea que en algún momento leí que cada fin de año es borrón y cuenta nueva, pero también recuerdo que leí que el fin de año es solo un cambio de fecha como todos los días, que es un día más y a la vez, uno menos de vida.
En el sector público, los cambios en los servicios públicos que benefician o perjudican la vida de los ciudadanos en el nuevo año, se achacan a la Ley General de Presupuesto y Presupuestos Especiales, esa ley que aprueba la Asamblea Legislativa para ser ejecutado entre el 1 de enero y el 31 de diciembre del nuevo año. Ahora bien, el presupuesto público es decidido por los políticos responsables de gobernar, por tanto ellos son los responsables de los beneficios o daños que se provoquen al ciudadano.
En el sector privado, se da un cierre contable que determina las ganancias netas, partiendo de que previamente se han pagado correcta y legalmente los impuestos correspondientes y cubierto las deudas y demás gastos anuales. El sector privado inicia entonces, con los recursos acumulados en los años, un nuevo ciclo que, dependiendo de las decisiones de sus directivos, será de ganancias o pérdidas.
Al final es evidente que el que sea borrón y cuenta nueva o continuidad, depende de las decisiones que cada ser humano tome. Es el hombre el que decide qué va a ocurrir en el nuevo año, y lógicamente, las decisiones colectivas, siempre dependerán de la mayoría, de su capacidad de análisis y de sus personales sueños.
Lo que nunca hay que olvidar es que, las decisiones de quienes tienen poder (político, económico, social), afecta más vidas ajenas que la propia y por tanto deberían ser tomadas con seriedad, responsabilidad y empatía. Ojalá 2026 sea un año en el que todos, especialmente los dirigentes (comunales, políticos, económicos) tengan conciencia de que tienen en sus manos el futuro de muchas vidas.






