Imagen generada con Nano Banana, sin fines comerciales
Recién escucho a unos señores y señoras sentando opinión sobre un reciente evento en el que ellos suponen, creen, imaginan, sospechan, asumen... sus ideas, muchas de ellas alejadas de la realidad constitucional.
Igual me chocan esos programas de "opiniones" o "diálogos" en los que uno interrumpe al otro u otros y se arma un mercado en el que el presentador es incapaz de imponer orden, a lo mejor es parte del show, y en aquel "mercado", apenas se entienden a qué precio venden las cosas que promueven.
Eso habla muy mal de la calidad de moderadores que existen en la televisión y la radio, pero habla peor de los que participan, aun cuando, en algunos casos, se evidencia que es parte de su "esquema de participación", provocando con éxito, la pérdida de tiempo ya que no tienen nada que opinar y el programa finaliza sin pena ni gloria.
A lo mejor ocurre que estoy escuchando los programas equivocados, a lo mejor hay otros con mayor calidad que no he descubierto.
Ahora bien, por sobre toda esa tragedia desinformativa, los más peligrosos son aquellos que sabiendo que lo que dicen es mentira, la afirman como verdad, la asientan como tal y la defienden con tal de lograr las ganancias que le permiten seguir viviendo, mientras ahorra lo más, para moverse al país de su amor, en el que está su vida, su familia, su futuro, ese otro al que han juraron lealtad al nacionalizarse.
Y mientras... aquí la gente sigue creyendo en futurólogos, científicos sociales y otras yerbas que no hacen más que confundir para prorrogar el dolor y hacer más profunda la crisis que se avecina.
¡Hay paisito, que caro te está saliendo el pago por el asesinato de un profeta!

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