Mi esposa llenando su álbum
Pero bien, aquí lo que comento es que la doña fue de intercambio de tarjetas y mientras ella y mi hija (una de sus colaboradoras incondicionales) se dedican a ese asunto, yo observo y valoro cuánto une el deporte a los humanos.
En este pequeño espacio, dentro de este centro comercial en el que estamos, han colocado alfombras verdes (imitando césped), pequeñas mesas, pequeños bancos de tres patas ("zancudos" le llamaban antiguamente mis abuelos) y allí, sobre las mesas que son pocas se ven cajas de cartón, metal, plástico, acrílico o bolsas plásticas, repletas de tarjetas ya clasificadas por equipos por sus dueños, según el orden que vienen los equipos en el álbum para facilitar su búsqueda, encuentro e intercambio o venta.
La mayoría de los cambiadores de tarjetas, se distribuyen, sentados sobre el "césped" con las piernas cruzadas y sus cajas frente a ellos listos para la negociación con quien se acerca consultando.
Viéndoles a todos, es imposible no recordar el "Carnaval de San Miguel" de Paquito Palaviccini: rico, joven, viejo, chele, prieto, alto, bajo, gordo, flaco y si se juzga por los andares, los gestos, corte de pelo, aumentaría que de todos los géneros, negocian cambiando o comprando tarjetas. Los únicos que no se ven son los pobres, porque siendo honestos, ese álbum requiere fondos para llenarlo: 4 dólares el álbum, 1.25 el sobre de 7 tarjetas y un total de 980 tarjetas, no es para salario mínimo.
La mayoría de los cambiadores no se conocen, al menos yo no reconozco a nadie, pero se genera confianza inmediata, sonríen mientras se comparten anécdotas, de cuándo le apareció Messi o cualquier otra estrella, del precio que tiene las tarjetas más escasas, escucho precios de varias decenas de dólares por unas tarjetas, otros más comprensivos solo piden 2 de Messi y 2 de Mbappé a cambio de una de ellas.
Así, en este pequeño mercado todos son "cheros" y "cheras", hay madres y padres que acompañan a sus pequeños y evidencian cara de satisfacción, cuando les "sueltan" y los chiquillos se incorporan, "como pez en el agua", al barullo de adultos negociadores, con su voz tierna preguntan si cambian tarjetas, o que si tienen la de fulano, o tal escudo, nada que envidiar a los demás negociadores más altos y más viejos.
Aquí, mientras observo, pienso en cómo nos iguala el deporte, y esto que solo coleccionando a los admirados atletas (futbolistas en este caso), que lindo sería que por fin el INDES cumpla la misión que tiene de masificar el deporte y los salvadoreños podríamos vivir mejor, como "cheros", conocidos, colegas deportistas, hermanos salvadoreños practicando algún deporte y no sólo cambiando tarjetas.

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