En mi opinión, el país que ha mostrado un respeto histórico casi irrestricto a la libertad de expresión ha sido los Estados Unidos, allí, la prensa ha realizado investigaciones que han permitido la destitución de un presidente (Nixon, Caso Watergate, The Washington Post, 1972); el descubrimiento del engaño en el que el gobierno tuvo al congreso y ciudadanos de los Estados Unidos respecto a la guerra de Vietnam (Papeles del Pentágono, The New York Times, 1971); el encubrimiento de la iglesia católica, de los abusos sexuales a menores, por parte de sacerdotes (The Boston Globe, 2001); la masacre de My Lai en Viet Nam (periodista Seymour Hersh, Dispatch News Service, 1969); la filtración de documentos de inteligencia de Edward Snowden (The Washington Post y el Inglés The Guardian, 2013), estos reportajes, entre muchos más, demuestran la calidad del trabajo periodístico y la ventaja que tiene el respeto histórico a la libertad de prensa.
Es preocupante entonces que el actual presidente de los Estados Unidos esté buscando eliminar este derecho humano de los ciudadanos estadounidenses.
En el periódico "El País" de España, se lee, este día, el siguiente editorial: "Acoso a la prensa de los Estados Unidos". Allí, el editor expone las acciones más recientes que el presidente Donald Trump ha realizado contra la prensa, pero también los hilos que conectar a los magnates de la información con los magnates de la tecnología.
Ante el poder económico de quienes están asumiendo control de los medios, viene a la mente, lo escrito en la última encíclica del Papa Leon XIV ("Magnificas Humanitas"), acerca del peligro del pensamiento uniforme, único, impuesto desde quienes tienen el poder suficiente para hacerlo.
El editorial de "El País" finaliza con este párrafo:
