jueves, 4 de junio de 2026

El asesinato más peligroso

Más allá de los magnicidios de los que la historia enumera, comenta o narra, hay uno que es el mayor de todos: el asesinato de la libertad de expresión.

En mi opinión, el país que ha mostrado un respeto histórico casi irrestricto a la libertad de expresión ha sido los Estados Unidos, allí, la prensa ha realizado investigaciones que han permitido la destitución de un presidente (Nixon, Caso Watergate, The Washington Post, 1972); el descubrimiento del engaño en el que el gobierno tuvo al congreso y ciudadanos de los Estados Unidos respecto a la guerra de Vietnam (Papeles del Pentágono, The New York Times, 1971); el encubrimiento de la iglesia católica, de los abusos sexuales a menores, por parte de sacerdotes (The Boston Globe, 2001); la masacre de My Lai en Viet Nam (periodista Seymour Hersh, Dispatch News Service, 1969); la filtración de documentos de inteligencia de Edward Snowden (The Washington Post y el Inglés The Guardian, 2013), estos reportajes, entre muchos más, demuestran la calidad del trabajo periodístico y la ventaja que tiene el respeto histórico a la libertad de prensa.

Es preocupante entonces que el actual presidente de los Estados Unidos esté buscando eliminar este derecho humano de los ciudadanos estadounidenses.

En el periódico "El País" de España, se lee, este día, el siguiente editorial: "Acoso a la prensa de los Estados Unidos". Allí, el editor expone las acciones más recientes que el presidente Donald Trump ha realizado contra la prensa, pero también los hilos que conectar a los magnates de la información con los magnates de la tecnología.

Ante el poder económico de quienes están asumiendo control de los medios, viene a la mente, lo escrito en la última encíclica del Papa Leon XIV ("Magnificas Humanitas"), acerca del peligro del pensamiento uniforme, único, impuesto desde quienes tienen el poder suficiente para hacerlo.

El editorial de "El País" finaliza con este párrafo:


Es un tema de actualidad, sobre todo, porque la experiencia en otros países ha demostrado que la prohibición o, peor aun, la eliminación de la prensa profesional e independiente, es trágico y fatal para las democracias.


Yo opino...


Imagen generada con Nano Banana, sin fines comerciales

...y alguien lo callaba diciendo "¡Tu no opinas nada!", eso pasaba creo que en el programa del "Chavo del Ocho" o "El Chapulín Colorado", y recuerdo esa frase cada vez que pierdo el tiempo escuchando a especialistas, "opinólogos", hablando de temas que no manejan, utilizando muletillas como: "yo supongo", "yo me imagino", "yo creo" y el común de la gente al escucharlos salta esa muletilla y toma como cierto todo lo que los opinólogos dijeron.

Recién escucho a unos señores y señoras sentando opinión sobre un reciente evento en el que ellos suponen, creen, imaginan, sospechan, asumen... sus ideas, muchas de ellas alejadas de la realidad constitucional.

Igual me chocan esos programas de "opiniones" o "diálogos" en los que uno interrumpe al otro u otros y se arma un mercado en el que el presentador es incapaz de imponer orden, a lo mejor es parte del show, y en aquel "mercado", apenas se entienden a qué precio venden las cosas que promueven.

Eso habla muy mal de la calidad de moderadores que existen en la televisión y la radio, pero habla peor de los que participan, aun cuando, en algunos casos, se evidencia que es parte de su "esquema de participación", provocando con éxito, la pérdida de tiempo ya que no tienen nada que opinar y el programa finaliza sin pena ni gloria.

A lo mejor ocurre que estoy escuchando los programas equivocados, a lo mejor hay otros con mayor calidad que no he descubierto.

Ahora bien, por sobre toda esa tragedia desinformativa, los más peligrosos son aquellos que sabiendo que lo que dicen es mentira, la afirman como verdad, la asientan como tal y la defienden con tal de lograr las ganancias que le permiten seguir viviendo, mientras ahorra lo más, para moverse al país de su amor, en el que está su vida, su familia, su futuro, ese otro al que han juraron lealtad al nacionalizarse.

Y mientras... aquí la gente sigue creyendo en futurólogos, científicos sociales y otras yerbas que no hacen más que confundir para prorrogar el dolor y hacer más profunda la crisis que se avecina.

¡Hay paisito, que caro te está saliendo el pago por el asesinato de un profeta!