jueves, 1 de octubre de 2026

La serpiente y el girasol

Portada del Libro de René Arévalo:
"La serpiente y el Girasol" de venta en Amazon


Llegué engañado. En la portada se lee: "Historia, espiritualidad y legado de un pueblo que aprendió a vivir en equilibrio con la tierra y el sol" Esta línea de texto me llevó de inmediato a recordar lo leído en diversos libros, sobre la íntima relación entre el hombre salvadoreño, desde su origen, con la tierra, la naturaleza, la vida... relación que alcancé a ver previo a la guerra civil y que hoy se ha perdido. Asumí entonces un trabajo académico de investigación, el error creció con el subtítulo de la portada:  "Historia espiritual del pueblo Pipil". 

La obra a que me refiero se llama: "La serpiente y el girasol" de René Edgardo Arévalo Elías.

Agradezco al autor, el prólogo, porque allí aclara: "Lo que sigue no es historia. Es mito nuevo, nacido de un nombre viejo." Rematando contundentemente al escribir: "Si buscás historia, este libro te va a decepcionar. Si buscas una forma de sentir lo que pudo haber sido su espíritu, quédate". Me quedé

La imaginación del autor es enorme, hizo que me recordara de una anécdota que alguna vez leí, contada por la madre de Gabriel García Márquez, quien decía que las increíbles historias que su hijo escribía en sus novelas no eran inventos suyos, sino simplemente las cosas que la familia y los abuelos le contaban cuando era niño en Aracataca. Pero al igual que cuando leí eso, la respuesta es la misma, si así fuera, esas historias las escucharon miles de gentes, pero solo uno se atrevió a ponerlo en papel. Al adentrarme en la lectura, esta imagen se desvaneció, creo que René escribe con gran imaginación y toques poéticos originales.

Fue imposible no traer al presente, a la realidad actual en el mundo, esas historias que describen la vida de nuestros ancestros. Porque aun todavía, se puede decir que "el pueblo obedecía, porque obedecer era más fácil que pensar", que podría tener respuesta con un texto posterior: "Un hombre que pregunta mucho, olvida obedecer".

Al leer: "los hombres dejan de llorar cuando el dolor se vuelve rutina", no puedo evitar recordar el dolor oculto de las pérdidas previo a la guerra, y los slogans que buscaban "fortalecer" la natural debilidad humana por perder amigos, hermanos.

Luego de la lectura del libro, pienso en el bello El Salvador que tendríamos si respetásemos lo que el autor llama los siete principios, entregados por el dios que se creó a sí mismo, al pueblo pipil, cuando este pueblo fue fundado:
  • Ser digno (Merecedor de algo)
  • Ser amable (Digno de ser amado)
  • Caminar en armonía (caminar en buena amistad y correspondencia entre las personas) 
  • Construir el propio destino (construir tu propio punto de llegada, tus metas)
  • Vivir con alegría (no necesita explicación, ser feliz, implica hacer feliz a los que nos rodean)
  • Ser humilde (ser modesto que no es ser pobre sino carente de vanidad)
  • Tener un corazón noble (tener un corazón generoso).
*    Los principios son los que están en negrita, lo que va en paréntesis es un agregado que hago, tratando de clarificar el compromiso que hay en cada uno de ellos. 

El final del libro es el más lleno de experiencias, me llevó a recordar más de un evento de la década comprendida entre 1970 y 1979, y pienso en lo cercano que es el hecho de que estamos repitiendo la historia, porque no aprendemos de ella, pero bueno, ya antes el autor nos dijo que esto no es historia, por tanto es solo una imagen que creo en mi mente.

Buscando explicar esto, diré que es difícil, al menos para mí, no asociar la afirmación del autor en voz de Oxil: "la guerra siempre se puede evitar hasta el instante en que la primer flecha deja la cuerda" con el recuerdo del diario de Monseñor Oscar Arnulfo Romero (13 de marzo de 1979): "También llegaron dos jóvenes que estaban con audiencia para tratar inquietudes de sus ideologías de violencia, de las cuales no quieren ceder, a pesar del esfuerzo que he hecho por presentarles la fuerza del amor cristiano. Creen que sólo la violencia puede resolver las actuales injusticias de nuestro país." En automático, asocio el esfuerzo de este sacerdote por evitar la violencia, hasta el último día de su vida, convencido de que el amor puede hacer cambiar las realidades, navegando contra corriente, en una sociedad en la que la mayoría (creo) estábamos convencidos de que era inevitable llegar al enfrentamiento militar.

Hay más frases, historias y momentos del libro que asocio en mi mente, con el pasado, pero bueno eso es mi cerebro, porque ya antes, René ha aclarado que el libro no es de historia.

Definitivamente, René Arévalo, a quien conocí en el bachillerato del Instituto Nacional de Santa Ana (INSA) entre 1975-1977 tiene, en mi opinión (que no es de especialista literario sino de aficionado lector), una historia amena, interesante, con una propuesta (adormitada en sus páginas) de lo fácil que sería vivir en un mundo más humano, respetuoso, responsable y solidario.

Felicitaciones René, a mí, me ha causado buena impresión tu obra, ojalá conozcamos más trabajos de tu autoría.