De 1993, la película "Fresa y Chocolate" ubica en el año 1970, en La Habana, Cuba, la historia de dos personajes totalmente distintos: un joven estudiante universitario heterosexual, militante de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba (la Juventud comunista del Partido Comunista de Cuba) y un trabajador del arte, culto y homosexual. Los dos actores principales son: Vladimir Cruz Domínguez (personifica a David, el universitario); Jorge Perugorria (personifica al trabajador del arte Diego).
El guión de la película fue escrito por Senel Paz, autor del cuento "El lobo, el bosque y el hombre nuevo" que es el origen de toda la historia. y la dirección de la obra cinematográfica estuvo a cargo de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío.
Mi objetivo, en esta ocasión, no es discutir la película, que puede ser vista en YouTube con calidad aceptable o, bien en este enlace con alta calidad, más bien, deseo recordar dos momentos de la película, que me impactaron la primera vez que la vi y que volvieron, por el post anterior (Machista-leninista) escrito en este blog.
A 1:14:26 de iniciada "Fresa y Chocolate", contiene un diálogo entre Diego y David, en el que el segundo busca justificar la alta calidad humana y política de la revolución y acepta que ha habido errores, David dice:
- ...es lamentable, pero comprensible que se cometan errores como el de mandar a Pablito para la UMAP...- Pablito solamente no ¿Y a todos los demás?- esa época ya pasó ¡coño!- ...locas que no cantaban- Diego...- Pero ¿qué manera de educar es esa David?- Los errores no son la revolución, son la parte de la revolución... que no es la revolución ¿entiendes?
Es un díálogo con gran significado, porque evidentemente se refiere a Pablito Milanés y su experiencia en las "Unidades Militares de Ayuda a la Producción" (UMAP). De estas "unidades militares", hay en línea documental llamado "Conducta impropia".
- Me voy del país- Ah! sí?,Y David empieza a quitar todos los elementos (banderas, fotografías) de la revolución que ha colocado en el departamento de Diego, a lo que éste reacciona- David, ¿Qué haces? No es como piensas ¡Coño! ¡no me voy, me botan?- ¿Cómo que te botan? ¿Quién te bota?- La exposición de Germán, las cartas que mandé, no sabes el polvo que tomó todo eso- Por eso no botan a nadie- ¿Ah no?, mira tu crees que con estos informes (saca un folder de una gaveta) en el expediente alguien me va a dar trabajo, ¿alguien se va a arriesgar por mí? Tendré que ir para la agricultura o la construcción y ¿qué hago yo con un ladrillo en la mano David? ¿Dónde lo pongo?
Y aquí se ve la calidad dramática de Jorge Perugorria, a mí me impacto profundamente, porque tuve y aun tengo el privilegio de conocer a más de un artista, y dentro de sus locuras son humanos especiales. Esa frase a mí me hizo pensar en lo doloroso que es dejar de hacer lo que te gusta para hacer lo que te obligan.
Definitivamente, la locura de ir cada vez más a la derecha en las opciones políticas, tiene fundamento en la frustración que poco a poco se fue dando en ciudadanos no formados políticamente. Es lógico... Lamentablemente, ese camino, no es para nada el mejor.

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