Imagen generada con Gemini, sin fines comerciales
Pienso en esto mientras, sentado en una sala del Hospital "San Rafael", veo a un joven, a quien por el uniforme identifico como enfermero, que frente al equipo biométrico, marca su salida de la jornada laboral. Caminando hacia la puerta, ve a una señora girando, buscando leer los rótulos sobre cada puerta, él regresa, se acerca a ella y la señora, antes que le pregunte, le dice que busca algo (no alcanzo a escuchar), él le dice "eso es en intermedios" (al menos es lo que escucho), ella agrega algo que no escucho y él le indica que lo siga, la lleva al pasillo central, extiende su brazo y le indica lugares y le da instrucciones, la señora con sonrisa en los labios da las gracias y con paso apresurado se dirige hacia donde le ha indicado.
El joven, camina nuevamente a la salida, cuando una pareja de señoras, que por las edades podrían ser madre e hija, buscan algo, él, dirigiéndose a la que muestra más edad, le pregunta, "¿Qué busca madre?". Es la más joven la que responde. Él, nuevamente, da explicaciones, señala direcciones y les guía hacia el lugar que buscan.
La sala de entrada queda vacía, él se retira. Ha dedicado algunos minutos fuera de su horario laboral para servir de guía a estas dos pacientitas.
Pienso en mi pasada experiencia en el Hospital General y recuerdo los gestos del personal de enfermería y de servicios, para brindar apoyo a cada paciente ahí ingresado, lo asocio con este joven enfermero y pongo más atención a quienes salen y entran y sí, siempre hay alguien atento a quien anda "perdido" en ese laberinto de salas, salones y pasillos.
Sin duda, la diferencia la hace el personal, ante las limitaciones que la realidad impone, la diferencia la hace el personal.

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