domingo, 8 de enero de 2017

Retazos de Rafael



Debe salir de inmediato de la zona, llega a la esquina de la 29 Calle Oriente y 2da Avenida Norte, alcanza a ver en la parada de lo que en ese momento es el Cine Roxy, una ruta 3, justo hacia la Universidad de El Salvador, por tanto corre y le apuesta a una subida de última hora. El bus, como es costumbre a las 7 a.m. de esos días, lleva racimos de gente (literalmente) colgando en las puertas, salta y logra afianzar la mano izquierda, la derecha se desliza y empieza la caída. En un segundo la vida, pero no fue así, la preocupación es si cae y se golpea la cabeza podría quedar inconsciente y eso es grave, porque cuando recojan el cuerpo encontrarán que está “enchingado”, es decir, tiene un fierro guardado en la cintura, piensa rápidamente como acomodar la caída, sin embargo sorprendentemente, lejos de las leyes físicas, el suelo se ve más lejos…. Siente entonces en la espalda una mano que lo hala hacia el bus, dando tiempo de afianzar la mano derecha en el vehículo que conducido por un motorista más pendiente de cobrar el pasaje y de no perder más tiempo en la parada va ya raudo sobre la 29 calle y ni cuenta se ha dado de la casi caída. Quien le sostiene la espalda es fuerte y ha notado el fierro en la cintura, ha sido solidario y emite una sonrisa de complicidad, cuando Rafa por fin reacciona dándole las gracias.

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Cien metros adelante caminan Dina y Claudio. Mantiene la visión sobre ellos, caminando en la otra acera junto a una morena simpática, para ella es su primera intervención. A lo lejos un radiopatrulla de la policía, instintivamente toma la mano de la morena y la mira para indicarle que llega el patrulla, pero ella sonríe inocentemente y le parece más práctico no insertarle miedo. Un grupo de familiares, colocando sillas en la acera toman el poco fresco en esta hora caliente, los miran, de inmediato saben que, quienes van 100 metros delante y los dos que hoy pasan tomados de la mano son extraños a la zona. El radiopatrulla pasa de largo con sirena abierta, probablemente han sido informados del evento recién ocurrido y en su prisa no toman nota de las parejas que despreocupadamente caminan, alejándose del lugar. El equipo pesado se ha movido hacia otro rumbo y por aquí solo caminan cuatro jóvenes documentos en orden y sin fierros, que no se conocen más que con su pareja, y, en el caso de Rafa y la morena simpática, vienen de visitar a una amiga de la colonia “de allá arriba”.
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El jefe es jefe, eso se sabe, pero como lo que ha aprendido es que el político está sobre el militar, entonces aquí la jefatura está de su lado. Bien vale aclarar que Nelson es, no solo el “chele” con cara de “hijo de papi de billetes” que tiene grado en la onda "M", es también, un denso orgullo metido en estos 1.80 metros de complexión atlética y la broma no le ha caído bien. El problema de Rafael es tener siempre la boca abierta haciendo bromas de todo y a todos. Nelson lo mira con seriedad, sopla como siempre lo hace para levantarse el fleco al frente del rosto y le dice: “Aquí está bien, vos mandás, pero allá, en el monte, cuando veas la estrellita aquí (señalando su frente) veremos quien ordena”. Fin de la discusión, de la broma y de la reunión.
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Carlos le llama a la razón, “…es demasiado noche, probablemente ya pasó el último bus”,”… el día no ha estado calmado y lo más recomendable es quedarse”. Rafael explica que no puede que debe moverse y que se descuidó de la hora pero ni modo debe retirarse, le indican que el local es adecuado para descansar, pero no hay forma, hay que moverse. Carlos y alguien más deciden acompañarlo por lo menos para que "tome" el bus, se “enchingan” y le ofrecen otro fierro, pero Rafael indica que no es conveniente, que va hacia el centro de San Salvador y no vaya a ser el “tuerce”. Trotando se mueven hasta el portón de derecho, y salen a la calle, Rafa camina unos pasos adelante, Carlos y el otro camarada van un poco atrás. Pasa un bus de la ruta 11, el último de la noche, Rafael inicia la carrera. Carlos y acompañante se lanzan tras él, uno corre en la acera y el otro sobre el pavimento, milagrosamente el bus se detiene antes de llegar a la parada de buses, Rafael lo alcanza y se sube, el motorista arranca de inmediato y al pagarle, Rafa nota que el hombre con rostro serio va pendiente del retrovisor, no suelta el timón del bus y lo mueve un poco al centro de la calle. Rafael decide asomar por la puerta y decir adiós a sus “perseguidores” que responden el saludo e ingresan nuevamente, por el portón de humanidades, el hombre con desconfianza, parece comprender que no era una persecución, pero de cualquier manera ha sido solidario esa noche, arriesgando su vida para salvar la de otro salvadoreño.
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“Ya me iba, porque no llegabas”, “Si hombre, disculpá pero se me hizo larga la reunión”, “Subamos que es el último bus” y parten hacia una colonia de las nuevas que van surgiendo en Miralvalle, mañana hay que madrugar. Dormirán allí, y saldrán como dos atletas corriendo por la mañana para llegar al punto de encuentro, la casa es lugar seguro, parientes del “Chino”, que es quien espera en la parada de buses. Llegan y un matrimonio muy joven los recibe con alegría, dos pequeños inquietan en la casa, se despiden, es hora de dormir. Ella pregunta a sus visitantes si han comido, Rafa dice que sí, el Chino, carcajada plena, dice que no y que es “paja, si de una reunión viene”, ella se mueve pronto a la cocina y en un chás, están comiendo una rica cena: huevitos, frijoles, pan, café, queso ¡de reyes! ¡Y Rafa zocando que dormiría con hambre! Solidaridad total, más tarde Rafael se entera de que son una familia parte de la Resistencia Nacional, porque llegarán el responsable de la zona, con su hijo (que funciona como seguridad) para verificar y garantizar. Rafa y el Chino duermen panza llena, corazón contento… Mañana ya será otro día.


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