domingo, 7 de febrero de 2016

Demasiado amor... para que sean propaganda



Cansado, me aproximo a la casa de mis padres. Cruzo la calle y a 30 metros, veo a mi madre que se despide de otra señora. Logró distinguir el rostro y los ojos repletos de tristeza, me miran, la repentina humedad en ellos, se traslada a los míos, pero en esos días yo aprendía aquello de “endurecerse siempre, perder la ternura jamás”, así es que le hago huevos, me sonrío, pero su tristeza no desaparece, le abrazo, le saludo, me despido, pido permiso, entro a la casa con prisa y encerrado en el baño, puedo soltar humedad sin mostrar debilidad. La madre de A. al abrazarme dice que así estaría (casi de mi edad) su A. si la dictadura no se lo hubiera desaparecido.

Sufrimos un “chingo” por esta puta guerra, perdimos todo, simpleza y honestidad porque debimos volvernos taimados; alegría porque abundaba la tristeza; hermandad porque aprendimos a desconfiar de todos. Pero lo más doloroso fueron los amigos, las amigas, los hermanos, las hermanas… especialmente aquellos de los que nunca supimos más, que solo desaparecieron, que los desaparecieron.

Así es la guerra, lo sabíamos, lo imaginábamos, mentalmente nos preparamos pero el día a día era más cruel. Aprendí a cuidarme de los de fuera y de los de dentro, las ventajas de estar en lo político. Un ejército no es una comunidad cristiana, es una estructura de ciega obediencia y dirigentes medio enfermos.

A veces aun sueño que la cosa puede mejorar, hay días que siento todo el amor… sin duda que me gustaría que pudiéramos ver el pasado y conocer lo que realmente pasó, no desde la propaganda sino desde la realidad, desde la investigación científica, desde los testimonios de los que la vivieron, de quienes la padecieron.

Mientras eso pase, evito caer en el juego de los que utilizan el dolor de los familiares, de los verdaderos dolientes, para parecer que hacen algo cuando en realidad, están únicamente pasando el agua, a lo mejor esperando la salvadora muerte. Mientras eso no pase no me trago las lagrimitas secadas con pañuelos de seda en televisión nacional, ni los pedidos de perdón por los miles de muertos; ni las detenciones de los que tienen la mala fortuna de haber perdido capacidad de negociar su bienestar inmediato…

No caigo en eso, porque mis víctimas, mis desaparecidos, mis asesinados tienen todo mi respeto, mi cariño y mi eterno agradecimiento… demasiado amor para seguir la fila de borregos lanzando nombres, apellidos, fechas, lugares… que ni siquiera conocen, que nunca supieron, que han escuchado y repiten mecánicamente. Demasiado amor para convertirlos en propaganda.

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