lunes, 24 de marzo de 2014

Monseñor Oscar Arnulfo Romero

34 años despueś




Tratando de ordenar pensamientos, permanecía alerta sentado en una habitación sin luz, esperaba que la violencia incontenible aparecería en cualquier momento. El silencio era sobrecogedor, realmente intimidante. En una ciudad repleta de ruidos, el silencio inyectaba miedo. No recuerdo más.

Mi esposa recuerda su aflicción luego que por los parlantes de la UES informaron del asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, buscó de inmediato a mi cuñada y salieron a toda velocidad hacia su pupilaje, caminando sobre el bulevar Los Héroes hasta Montserrat. No había servicio de buses.

Era 1980, era 24 de marzo.

Cerca de las 9 de la noche, parecía que todo mundo se había ido a dormir, que los radios y televisores estaban apagados.

Hoy, 24 de marzo de 2014, me reuní, por razones de trabajo, con unos colegas brasileños de la oficina de contraloría de Brasil e hicimos bromas sobre el centro de San Salvador y sus riesgos. Una de ellas recordaba que otro grupo de brasileños que venían a un curso insistían en ir al centro de la ciudad y les recomendaron que no, les explicaron los riesgos, pero uno del grupo fue contundente: No podían irse de El Salvador sin visitar la tumba de monseñor Romero, finalmente visitaron la tumba, con el reporte inmediato a través de Facebook y twitter, animados hicieron la visita al Hospital de la Divina Providencia. No se cansaban de compartir las fotografías, se impresionaron. Les pregunté si sabían que este día era aniversario de su asesinato y se sorprendieron por la "casualidad". Finaliza (me parece que emocionada) recordando que Monseñor es conocido en todo el mundo, que es un salvadoreño muy querido.

Luego de esa plática recordé lo que un día de estos escribí en el Facebook: La izquierda y la derecha lo utilizan, los primeros para darse "auto-espaldarazos" y los segundos para inyectar miedo. Quienes les creen a unos y otros son víctimas de su propia ignorancia. No haber leído sus escritos, su diario, y sobre todo no colocarlo en los momentos duros de finales del 70 y los primeros meses de 1980, los hace creer todos los cuentos y mentiras que sobre él se cuentan.

Afuera, lejos de El Salvador, lo valoran, le conocen, le leen...


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